Citas de internet – 23115

Este es el testimonio de la ahora museógrafa de 37 años narrado en primera persona. Mis padres me metieron a una escuela de los Legionarios de Cristo, sin poder imaginar los terribles abusos que sufriría a manos del director y sacerdote, Fernando Martínez. La escuela todavía estaba en construcción cuando comenzamos las clases. Yo tenía 8 años y entré a tercero de primaria. El director de la escuela era el sacerdote Fernando Martínez.

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Se define como una persona bastante impaciente. Mi filosofía en las redes sociales es un poco antipostureo. Siempre subo lo que me apetece.

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Supongo que hasta ese momento habia permanecido en el limbo de la limpieza, pero no tengo recuerdos de aquella pristina edad relacionados con mi anécdota sexual. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muneca de baquelita, de esas que ponian en las tortas de cumpleafios. Las niñas de mi generacién carecíamos de olfato sexual, eso lo inventaron Master y Johnson mucho después. La explicacion ancestral era la cigueña, que traía los bebés de Paris, y la moderna era sobre flores y abejas. Mi madre era moderna, pero la relación entre el polen y la muñeca en mi barriga me resultaba algo clara. A los siete años las monjas me prepararon para la primera comunión. Antes de recibir la hostia consagrada había que confesarse. Me llevaron a la iglesia, me arrodillé temblando en un confesionario sepulcral, separada del sacerdote por una polvorienta cortina de felpa negra, y traté de asemejarse mi, lista de pecados.

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